Maratón de Varsovia. La maratón une a los pueblos.

Acabo de volver de Polonia. Ha sido complicado, con Putin haciendo el mal con el consiguiente cierre del espacio aéreo del país y con los huracanes tropicales (ya vivimos en el trópico pero no utópico) que se hacen visitantes recurrentes en mi tierra. Y además arrastrando el cansancio de mi última maratón, en Varsovia, allí donde nunca imaginé que iría a correr. Y por qué fui, por algo que nos pasa a muchos corredores, que buscamos carreras que encajen por fechas en nuestros planes y vamos al primero que aparece en el calendario. En septiembre no había maratones relevantes en España así que Varsovia fue la elegida. Además como no conocía la ciudad pues perfecto.

Algo más de veinticuatro horas después del evento ya siento que se me van aclarando las ideas sobre lo vivido, porque cada maratón es una aventura única e irrepetible. Y en este pues como siempre la experiencias fueron ricas e interesantes. En el plano deportivo conseguí lo que quería, bajar un tiempo sustancia de la última en Vitoria, y ahí se fueron casi veinte minutos de rebaja lo que me ayuda a ir consolidando los objetivo que me planteo a medio plazo. Físicamente, no tan bien, porque al final me desfondé bastante y llegué sin gasolina, algo que no me extrañó ya que no pude hacer los entrenamientos largos que me hubiese gustado debido a algunos problemillas musculares. Pero bien, misión cumplida y hoy aunque con esa sensación de que te ha pasado una apisonadora por encima, por lo demás perfecto, mañana mejor.

La maratón de Varsovia es muy recomendable, eso sí. Está muy bien organizada, tiene muchas cosas buenas, mucha animación en todo un recorrido casi completamente llano y la sensación de estar en una gran fiesta. Corrí con once mil corredores que salimos todos de una tacada, nada de lotes ni gaitas de esas que te hacen sentir como ganado estabulado. Allí fuimos la marea de corredores llenando la ciudad de energía y alegría. La gran mayoría de los corredores eran polacos pero aún había una presencia internacional interesante. La cuestión es que me hablaron mucho, en polaco y vamos que no entendía nada de nada, pero era divertido porque me hablaban sonriendo y en esas condiciones se supone que nada malo te están diciendo. En algunos casos puntuales al darse cuenta de que era extranjero me interpelaban en inglés y entonces sí que pude comunicarme. El tema como podéis imaginar era el hecho de que yo corriese descalzo. Allí no vi ni un descalcista ni un minimalista. Las zapatillas dominaban de forma absoluta, vamos como en todas partes, pero allí sin contemplaciones. A alguno le escuche detrás de mí diciendo a otros “nice carbon” refiriéndose a mí, pero me hizo gracia el doble juego pues por una parte se refería a las nuevas tecnologías de zapatillas con láminas de carbono, pero el juego que me hacía gracia es que mis plantas estaban totalmente negras como el carbón, y sí, la mía era la mejor tecnología.

Me gustó mucho el ambiente que se respiraba. Mucho entusiasmo del público con todos los corredores, un buen rollo generalizado que resultaba muy inspirador y sobre todo la sensación generalizada de que aquel día era muy bonito y muy especial para todos. Y sí, tener la sensación con corredores que te hablan y a los que no les entiendes ni una sola palabra pero que por su actitud te tratan como a un hermano, es inspirador y este que escribe que cada día le cuesta más seguir siendo optimista, pues supone un rafaga de aire fresco para seguir disfrutando de la vida y de las carreras.

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