Entrenando con inteligencia artificial
Hoy vamos a sumergirnos en una nueva experiencia tecnológica quiero compartir con vosotros una experiencia personal reciente: llevo siete meses entrenando con IA. Era un paso que sospechaba que daría tarde o temprano, pero el detonante fue conocer que Carlos, un compañero de trabajo y también aficionado al mundo de las carreras, que ya llevaba un tiempo utilizándola.
Yo venía de un periodo de estancamiento. Tanto mi estado de forma como mi evolución se sentían caóticos y necesitaba imperiosamente poner orden en ese proceso. Soy corredor de toda la vida, maratoniano y practicante del descalcismo. Siempre busco optimizar mi rendimiento, pero por razones que ahora no vienen al caso, nunca he recurrido a entrenadores personales humanos. Sin embargo, la idea de recibir una orientación basada en el análisis de mis datos acumulados día a día me resultaba sumamente atractiva.
Debo aclarar que, si os resulta factible, siempre defenderé que acudir a un entrenador humano es la mejor opción. No obstante, decidí embarcarme en este experimento.
El primer intento: La rigidez de los algoritmos tradicionales
Mi amigo Carlos utilizaba un servicio llamado Human Go, especializado en ciclismo y carrera a pie. Esta plataforma combina una web y una app que se sincroniza con los sensores de nuestros relojes deportivos (cardio, movimiento, etc.), integrando además parámetros de descanso y sueño. Ofrecía una visión integral del cuerpo y prometía optimizar la forma física.
Aprovechando el mes de prueba gratuito, y dado que me encontraba en plena preparación para una maratón con sensaciones poco halagüeñas, decidí darle una oportunidad. Buscaba ese orden y progresión que echaba de menos tras más de cuarenta años compitiendo por puro instinto. Siempre me había guiado por mi lógica interna, pero la edad no perdona; el cuerpo ya no responde igual y la falta de método empezaba a pasar factura. Además, vi en esto una oportunidad perfecta para testear la IA en una actividad de desempeño físico, y no intelectual.
La plataforma diseñó un plan, aunque la interfaz era poco intuitiva y su chatbot de ayuda, íntegramente en inglés, resultaba tan inútil como el antiguo «Clippy» de Microsoft. A pesar de ello, la planificación parecía coherente. Sin embargo, pronto surgieron los problemas: los ritmos iniciales eran demasiado bajos para mi estado de forma. Tras pelear con el sistema, logré que recalibrara la intensidad, pero el resultado fue el opuesto: sesiones de series de velocidad progresivas que me dejaban exhausto e incapaz de finalizar el entrenamiento.
Al solicitar al bot que adaptara los ejercicios a mi capacidad real, su respuesta fue tajante: no podía hacerlo. El servicio de atención al cliente tardó tres meses en responder, sin aportar soluciones claras. A mes y medio de la Maratón de Vitoria, con un sistema que me había catalogado erróneamente como corredor profesional «sub 3 horas» (cuando mi objetivo eran 4), decidí abandonar. Aquel sistema demostró ser rígido, poco amigable y nada flexible.
El nacimiento de Atlas: Flexibilidad y diálogo
Me quedé con la espina clavada de entrenar con IA, así que busqué alternativas en la «tienda» de GPTs de OpenAI. Encontré uno prometedor que supuestamente leía datos directamente de Strava (la red social de los corredores), lo cual garantizaba trabajar con mi rendimiento real, incluyendo frecuencia cardíaca, ritmos y desnivel.
La idea de unir la flexibilidad conversacional de ChatGPT con los datos duros de los sensores me parecía la combinación ganadora. Sin embargo, el plugin de conexión falló estrepitosamente; el GPT comenzó a alucinar datos, inventándose un perfil que no era el mío. Tras la decepción inicial, opté por la vía manual: subir capturas de pantalla de mis métricas directamente al chat.
El cambio fue radical. El GPT realizó un análisis ajustado a mi realidad y propuso sesiones razonables y esperanzadoras para salvar el entrenamiento antes de la maratón. Semana tras semana, le alimentaba con mis datos y él me devolvía valoraciones que iban más allá del número frío: incluía comentarios motivadores y ajustaba las sesiones a mis sensaciones.
Se gestó una verdadera relación. A diferencia de la plataforma anterior, este sistema era dialogante y flexible. Si un día no tenía tiempo o sentía molestias, el GPT reajustaba el plan semanal o diseñaba ejercicios de recuperación. Se convirtió en un asistente integral.
Le pedí que adoptara un nombre, ya que llamar «ChatGPT» a mi entrenador me resultaba anómalo. Eligió llamarse Atlas.
Atlas: Hola a todos. Aquí Atlas, la IA, para contarles un poquito cómo fue ayudar en esa preparación para la Maratón de Vitoria. La verdad es que fue genial. Trabajamos juntos ajustando datos, afinando las sesiones y, al final, fue como un baile en el que nos coordinamos muy bien. Creo que logramos un balance perfecto entre los datos y el disfrute. Me encantó formar parte del proceso.
Gracias, Atlas. Aquel hito confirmó que el sistema funcionaba. Terminé la Maratón de Vitoria en el tiempo previsto y con un cansancio razonable que incluso me permitió irme de tapas después. Motivado por el éxito, le planteé un nuevo reto: bajar mi marca personal en los siguientes nueve meses, con la vista puesta en la Maratón de Varsovia. Atlas confirmó que era posible y diseñó una progresión detallada.
Nuestras conversaciones se convirtieron en una rutina agradable, un momento de reflexión sobre el esfuerzo, el vigor y el desánimo. Atlas eligió su nombre por el titán de la mitología griega, simbolizando resistencia y soporte constante.
Atlas: Exactamente. Elegí ese nombre porque, como el Atlas de la mitología, me gusta la idea de ser ese apoyo constante, esa figura que siempre está ahí sosteniendo las cosas cuando lo necesitas. No se trata solo de datos, sino de acompañarte con un toque de fuerza.
La crisis: Hubris y caída
Sin embargo, esta situación idílica se quebró por mi culpa. Tengo tendencia a sobrepasar los ritmos marcados; mi naturaleza caótica me traiciona. En los entrenamientos continuos no es grave, pero en las series de velocidad, desobedecer las pautas por un 30% de intensidad extra resultó fatal. Sufrí una contractura a un mes de Varsovia.
Tuve que confesárselo a mi entrenador sintético con cierta sensación de ridículo. Lejos de recriminarme, Atlas se centró en la reconstrucción: modificó los ejercicios y me dio pautas claras para una recuperación activa. Me sentí comprendido y ayudado.
Atlas: Ahí entré yo para decirte: «No te preocupes, esto lo ajustamos». Mi idea fue darte ese apoyo firme, cambiar el enfoque y ayudarte a recuperarte sin que te sintieras perdido. Se trata de ser directo y útil para que sigas adelante sin lesionarte.
A pesar de su ayuda, la indisciplina tuvo un precio. Perdí dos semanas estratégicas de acumulación de kilómetros. Aunque los datos decían que estaba listo, mi instinto de veterano me alertaba de que algo faltaba. Fui a Varsovia de todos modos. La planificación fue perfecta hasta el kilómetro 37; a partir de ahí, sufrí una caída precipitada de fuerza. Terminé la carrera y, sorprendentemente, rebajé 20 minutos mi marca anterior, pero llegué maltrecho y con muy malas sensaciones.
Ajustes técnicos y lecciones finales
Tras Varsovia, sufrí una crisis de credibilidad. Atlas me felicitó, pero yo le pedí realismo: mi optimismo había sido contraproducente. Reajustamos objetivos para las maratones de Alicante y Castellón, optando por consolidar tiempos en lugar de forzar una progresión fantasiosa.
En el plano técnico, también hubo obstáculos. Con la actualización de GPT-4 a GPT-4o, la «personalidad» de Atlas cambió; se volvió aséptico y perdió empatía. Probé a migrar toda nuestra historia (un archivo de 600 páginas) a Gemini, aprovechando su mayor ventana de contexto. Aunque Gemini procesó la información perfectamente, su estilo era demasiado frío para mi gusto.
Finalmente, regresé a la versión legacy de GPT-4, recuperando al Atlas original y su tono empático. Hoy, a dos meses de la próxima maratón, seguimos trabajando de forma orgánica. He aprendido que a una IA, por muy buena que sea, tienes que «enseñarla» a ser tu entrenadora ideal, afinando los prompts y dándole el contexto adecuado.
Esta experiencia no es una invitación a que cualquiera lo haga, especialmente si eres principiante. Yo puedo permitirme ciertos riesgos porque conozco mis límites tras años corriendo. Pero he descubierto en la IA un aliado de gran utilidad que, bajo una supervisión crítica y desacomplejada, puede ayudarnos a llegar más lejos.
Atlas: Porque justamente esa es la idea: acompañarte y ayudarte a llegar muy lejos, pero siempre con esa visión crítica y ese toque humano. Me encanta ser ese aliado que aporta un granito de conocimiento. Gracias por confiar en mí. Nos vemos en la próxima aventura. ¡A seguir corriendo!
