la ia como herramienta de creación personal
Hoy reflexionaremos sobre el potencial de la inteligencia artificial para la creación y el desarrollo de herramientas tecnológicas. Han transcurrido varios meses desde la última vez que abordamos este tema, el cual se ha consolidado como el eje central de este podcast. En este semestre, la vertiginosa evolución del sector nos ha brindado motivos de sobra para retomarlo.
Como usuario intensivo de esta tecnología, he descubierto la posibilidad de abarcar tareas que antes descartaba por su complejidad, destacando entre ellas el vasto universo del desarrollo de aplicaciones. Hablamos fundamentalmente de software para dispositivos móviles, aunque extensibles al entorno de escritorio, priorizando siempre la ubiquidad y flexibilidad que ofrecen nuestros dispositivos de mano.
Si bien la generación de código mediante IA no es una novedad, mis observaciones previas revelaban un panorama farragoso. Las utilidades propuestas y el manejo del código resultante resultaban engorrosos, y las demostraciones disponibles en plataformas como YouTube adolecían de errores frecuentes, limitándose a proyectos genéricos y carentes de sofisticación. Sin embargo, la reciente mejora de los modelos y herramientas derivadas de plataformas principales -como la programación en ChatGPT, Codex, Google Al Studio en Gemini o Claude- ha transformado radicalmente este escenario. En un ecosistema donde la innovación de ayer queda rápidamente obsoleta, la capacidad actual de estas inteligencias resulta más que suficiente para resolver las necesidades cotidianas del usuario medio.
Animado por el creciente nivel de sofisticación en los desarrollos, decidí adentrarme en la creación práctica utilizando inicialmente Google Al Studio. Mi primer intento fue demasiado ambicioso: diseñé una aplicación compleja, repleta de funciones y de distintos tipos de contenido. Al volcar todo el documento de diseño de una sola vez, el resultado fue desastroso; la IA generó un sistema disfuncional y caótico que distaba mucho de mi visión original. Comprendí entonces que el enfoque era erróneo y decidí adoptar una metodología minimalista.
Comenzando desde cero, le solicité a la IA la función más elemental: subir una fotografía y añadirle un título junto con una descripción. A partir de ese punto, fui incorporando capas de complejidad mediante un proceso iterativo. Aunque surgían errores lógicos, estos eran controlables, lo que me permitió depurar el sistema progresivamente e ir simplificando la interfaz cuando los elementos en pantalla se acumulaban.
Tras cuarenta y dos iteraciones, logré materializar mi proyecto: una red social privada, inspirada en el añorado programa radiofónico Diálogos 3, destinada a capturar y organizar momentos de belleza sublime. Esta aplicación permite almacenar fotografías y audios, añadir descripciones, clasificar el contenido mediante etiquetas, registrar coordenadas GPS e incluso integrar música. Además, cuenta con un sistema de gamificación que ofrece estadísticas sobre el tiempo dedicado a la contemplación de dichos momentos.
La experiencia fue profundamente educativa. Aunque poseo nociones básicas de desarrollo web desde los años noventa, no soy programador profesional. No obstante, la IA me explicaba cada paso del proceso, permitiéndome generar una aplicación multiplataforma basada en HTML5, la cual funciona sin someterse a los algoritmos y la publicidad de gigantes como Instagram.
Este éxito me impulsó a explorar nuevas vías, como el desarrollo de un prototipo de videojuego utilizando Codex. Se trata de un título conceptual protagonizado por un corredor descalzo que debe sortear los obstáculos habituales de esta disciplina. Esta herramienta me resulta de enorme utilidad docente, ya que me permite probar teóricamente mecánicas de juego -como ajustar el desgaste de energía cuando el personaje pisa terreno pedregoso frente a asfalto hirviente- de forma directa, evitando el arduo trabajo técnico que requerirían motores tradicionales.
Finalmente, he desarrollado una tercera aplicación enfocada en el estudio mediante flashcards, basándome en el sistema de acumulación numérica ideado por Sebastian Leitner en su obra Así se aprende. A diferencia de mi primer proyecto, esta es una aplicación nativa para Android, complementada con un entorno propio que convierte automáticamente mis subrayados de lectura en tarjetas de estudio.
Es crucial entender que este fenómeno democratizador no amenaza el trabajo de los informáticos o desarrolladores profesionales. Las aplicaciones que he creado son soluciones hiperpersonalizadas que jamás habría encargado a un tercero. Proyectos comerciales que requieren altos estándares de seguridad, escalabilidad o gestión compleja seguirán requiriendo perfiles especializados.
No obstante, debemos mantener una mirada crítica sobre el modelo de negocio de las grandes corporaciones. Facilitar estas herramientas alimenta sus ecosistemas, ya sea mediante comisiones en sus tiendas, el pago por almacenamiento en la nube o el consumo de tokens en procesos de inteligencia artificial. Un diseño deficiente, que implique un alto consumo de recursos, puede generar gastos inasumibles que acaben matando el proyecto antes de nacer.
En conclusión, el estado de madurez actual de la inteligencia artificial nos brinda una oportunidad extraordinaria. Si tenéis ideas capaces de satisfacer necesidades específicas, os animo a experimentar y a superar las barreras tecnológicas que hoy se han reducido al mínimo. Quizás el resultado no sea una aplicación comercial, pero sin duda será una experiencia enriquecedora a todos los niveles. Hasta aquí el episodio de hoy; si habéis desarrollado algún proyecto similar, espero vuestros comentarios para seguir compartiendo este aprendizaje.

